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Las vidas posibles de Clara Obligado

  • Foto del escritor: Male Cig
    Male Cig
  • 5 jul 2022
  • 6 Min. de lectura

Clara Obligado hizo todo lo contrario a lo que se esperaba de ella. Descendiente de una familia de la aristocracia argentina se hizo peronista y fue exiliada política. Educada en una escuela de élite para señoritas, fue de las pocas de sus compañeras de curso en hacer una carrera universitaria. Nunca se casó por iglesia, tuvo dos hijas de padres diferentes, limpió casas ajenas y escribió textos para teléfonos eróticos. Hoy tiene 14 libros publicados y dirige uno de los talleres de escritura más prestigiosos de Madrid.


* * *




Nació en 1950, en Buenos Aires. Es hija de Jaime Obligado Nazar Anchorena y de Susana Marcó del Pont Basavilbaso. En los apellidos de su familia se condensa la historia de gran parte de la alta alcurnia argentina.

_ Vengo a Buenos Aires y muchas calles tienen nombres de mi familia. Voy al CCK, que era la casa de mi abuela, de los Basavilbaso. En el billete de 20 pesos veo la Vuelta de Obligado. Pedro Miguel Obligado, poeta y guionista tiene una placita lindísima.


Eran los años de la “Revolución Libertadora” y la oligarquía festejaba el derrocamiento de Perón. La infancia de Clara discurría entre la casa de Barrio Norte y largos veranos en la estancia familiar de la Pampa. Como su familia era ruidosa e invasiva, se armaba carpas de frazadas en su cama y con una linterna devoraba un libro atrás de otro, sobre todo, los que su padre le tenía prohibidos.


Su familia la mandó al Sagrado Corazón, un colegio religioso fundado en el Siglo XIX para educar a las niñas de la clase alta porteña. El edificio, solemne y gigantesco, ocupaba casi toda la manzana de Callao y Juncal. Era un bachillerato especializado en letras, donde se enseñaba griego y latín. Allí asistían las hijas de estancieros, de grandes empresarios y de los profesionales más destacados de la ciudad. Vestidas con un delantal oscuro hasta las rodillas, el pelo atado y la camisa blanca justo hasta el codo, a las chicas, se las obligaba a hacer reverencias a las monjas y ver representaciones teatrales de espaldas. Se las preparaba para ser chicas cultas, educadas y ricas, y por supuesto, casarse bien. Muchas de las egresadas del famoso Colegio Sagrado Corazón de Callao y Juncal murieron muy jóvenes por distintas causas, entre ellas suicidios y anorexia.


Pero ella se apartó del destino que le tenían preparado. Al terminar el colegio, viajó a París, en los meses previos al Mayo Francés del ‘68. Estudió Letras en la Universidad Católica Argentina y allí tuvo un profesor que le enseñó a leer sin prejuicios y a mirar en los márgenes. Se trataba de Jorge Luis Borges, quien dejaría en ella una huella profunda. En el ‘69 se fue al Chaco a cosechar con los indígenas en unos campamentos organizados por la Unión Nacional de Estudiantes, una agrupación universitaria peronista. Así, empezó una militancia política que su madre veía con espanto.


Pero llegó el 24 de marzo de 1976. Clara empezó a ir de casa en casa para que los militares no le siguieran el rastro. Lo hacía con un bolsito en el que llevaba ropa interior, un sapito de barro, un cuaderno y un libro.

Un 5 de diciembre muy frío de 1976, llegó a Madrid, con ropa de verano, una valija de 9 kilos, 1000 dólares y su vida a cuestas. Se había escapado de Buenos Aires, simulando un viajecito a Uruguay. Y de ahí tomó un vuelo de Iberia a Madrid.


_ Ese Madrid que yo, como exiliada, me vi obligada a querer, y uno nunca llega adorando el país del exilio.


A España llegaban exiliados de todas partes de Sudamérica: primero los uruguayos, después los chilenos y por último, los argentinos.


«Los exiliados argentinos no teníamos tanta suerte como los chilenos. Ellos eran comunistas o socialistas, algo que aquí se entendía, en cambio, muchos de nosotros habíamos adherido a ese fenómeno que se llamó Perón. ¿Perón? nos decían los españoles, ah, si, gran presidente, muy buen amigo de Franco. Así la confusión era total. O no tanto.» escribiría años después.


Madrid era una ciudad triste. Hacía poco más de un año que había muerto Franco, pero todavía no se habían celebrado las elecciones. Clara no conocía a nadie en Madrid, salvo una prima que ni siquiera la fue a buscar al Aeropuerto. A partir de ahí empezó a armar una vida desde cero.


_ La gente pensaba que yo era prostituta. Cuando nació mi primera hija, tenía una relación de pareja móvil, que iba y venía. Vivíamos con amigos porque no teníamos un centavo. Un día crucé la calle y la verdulera me preguntó: ‘¿Y su hija?’. ‘En casa’, le dije. ‘Ah, pensé que la había dado...’. Ella me veía tan irregular que creía que si tenía un bebé lo iba a regalar. Así me veían.


Con el tiempo y a la inversa de la Argentina, España empezaba a salir del túnel. Luego de treinta y seis años de dictadura, llegaba el destape. Era la época del primer Almodóvar, había manifestaciones por todas partes y Madrid volvía a reverdecer. Clara tardó diez años en encontrarse cómoda en esa ciudad, pero nunca dejó de sentirse extranjera.


_ Ser extranjera determina una mirada extraña sobre las cosas. Mirada que me gusta llamar mestiza, anfibia, o extranjera, simplemente. Me permite discutir con las tradiciones.


Por esa época, se empezó a reunir con un grupo de amigos con la idea de escribir un libro juntos y casi sin darse cuenta, empezó a dar clases de escritura improvisadas. Hoy el taller lleva 40 años y es uno de los más prestigiosos de Madrid. Tiene su sede en la calle Plaza del Ángel, a unas cuadras del Museo del Prado.


«No creo que [trabajar con mi madre] sea un peso, más bien lo considero una garantía.»


Camila Paz Obligado es su hija mayor. Es editora, profesora de latín y griego y da clases de escritura creativa para primerizos en la legendaria escuela taller de su mamá.


«En la cocina de la casa de mi madre había libros que trepaban por las paredes, así que la lectura me ha alimentado desde pequeña. Un día me puso en el plato a Antígona, y me enamoré de los clásicos.»


Pensando en tener material útil para usar en sus talleres, a Obligado se le ocurrió armar una publicación de relatos hiper breves.


«El género brevísimo, (...) entró en España del todo con esta antología. Una antología que cruza fronteras, géneros, generaciones, estilos y temas. De obligada lectura para los amantes de lo más breve.» Juan Casamayor es editor y fundador del sello Páginas de Espuma. Por favor sea breve ya lleva dos tomos y 200.000 ejemplares vendidos.


«Con ojo de buena lectora, con inteligencia y sensibilidad, Clara Obligado antologó a los mejores autores de microrrelato de las dos orillas.» dice Ana María Shua, reconocida escritora de microficción.


Clara Obligado considera la literatura como una venganza. «Una forma de la memoria y de la justicia poéticas.» Tal vez, esté pensando en la vida de su tía bisabuela, María Obligado de Soto y Calvo que fue una de las pintoras más importantes de su generación, pero su nombre no aparece en calles ni plazas, como sí lo hacen los de su hermano e incontables miembros de la familia. Su obra más emblemática está arrumbada en un centro cultural de Rosario y nadie se acuerda de ella.


_ Sigo yendo a presentaciones donde no se nombra a ninguna mujer. En España se habla de micromachismos y las mujeres no estamos exentas. Hoy hay grandes cambios, ya no se puede decir o hacer cualquier barbaridad.


Desde el principio, se ocupó de que en sus compilaciones hubiera al menos un 50% de mujeres. Apoyó la publicación del libro de microrrelatos Pelos, escrito e ilustrado por mujeres. A sus 45 años, publicó su primera novela, La hija de Marx, que recibió el premio femenino Lumen. Luego, publicó varias novelas más.

Más tarde, una trilogía en donde bucea en los límites entre el cuento y la novela. Son textos para leer a “dos orillas” entre Argentina y España. Van y vienen en el tiempo y pueden leerse en distinto orden, a la manera de Rayuela. Son relatos que plantean distintas versiones de la misma historia, distintas vidas que podrían haber sido.


_Yo investigo en un género mestizo que mezcla el cuento con la novela con la microficción. (...) Le impido al lector leer como si fuera una novela, con lo cual cada cuento tiene un patrón distinto. Hay cuentos surrealistas, realistas, románticos y los que son un disparate. Hay larguísimos y otros brevísimos. Es un llamado a una lectura atenta. Pido al lector que juegue conmigo el juego de la literatura que consiste en entender desde distintos puntos de vista.


Su literatura está hecha para incomodar. Se sale de lo esperado para obligar a los lectores a pensar, porque está convencida de que ese es el lugar de la literatura. Sus libros están llenos de picardía, de violencia, de viajes, de vidas que podrían haber sido.


Son retazos de una de las tantas vidas que pudo haber tenido Clara Obligado.


 
 
 

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